Cuando el canal acababa de nacer, recibí un email que me hizo una ilusión enorme. Era de iFi, y me proponían una colaboración: ellos me enviaban algunos de sus productos de base —el Zen DAC, el Zen Phono— y yo hacía una vídeo review. Era la primera vez que alguien de fuera creía que mis vídeos podían tener cierto valor. Lo hice ilusionado.
La alegría duró poco. Enseguida vi que, igual que yo, todos los youtubers de habla hispana estaban haciendo los mismos productos. El mismo Zen DAC, el mismo Zen Phono, la misma review con otra cara delante de la cámara. Y me sentí uno más del montón. Uno más al que habían comprado con baratijas.
Decidí que yo no quería ser correa de transmisión de equipos que aportan poco al mundo de la alta fidelidad. Y aquí me podéis decir: pero Josep, son equipos económicos, mucha gente entra en este mundo gracias a ellos. Y tenéis razón. Como equipos de iniciación funcionan, y a nivel sonoro suenan bien. Pero no es eso. El problema es todo lo demás: el proceso de fabricación, el diseño estético, los materiales utilizados, el impacto ecológico, sobre todo, la NARRATIVA. La historia que una marca y un equipo tienen detrás. Historias humanas que explican que personas luchan y superan adversidades. Personas que imaginan y después crean. Ingenieros que construyen y después mejoran. Para mí un equipo es un compendio de muchas cosas, pero la más importante es la HISTORIA que hay detrás.
Así que he hecho caso omiso de todos los emails de invitación a promocionar equipos a cambio de quedarme el equipo.
No me gusta este sistema de promocionar y por tanto inundar las redes de vídeos de equipos sin alma. Pero no porque sean equipos económicos. Voy en contra porque plantean una alta fidelidad del aquí te compro, aquí te reemplazo, aquí te tiro o te almaceno en un cajón. Una hifi de consumo exacerbado, diametralmente opuesta a la que yo quiero. La que yo quiero empieza con un ingeniero que tiene una visión, una pasión, que actúa, que arriesga y lo intenta. Y acaba con una persona que investiga, que confía, que invierte, que disfruta, y que se enlaza emocionalmente con ese equipo y lo valora con toda su profundidad y todos sus matices.
Pero a veces dudo. A veces me pregunto si debería replanteármelo. Porque si soy honesto del todo, no sé muy bien dónde está la frontera entre lo que acepto y lo que no. ¿Es una cuestión económica? ¿Es una cuestión personal? ¿Es una cuestión de origen? No lo sé muy bien.
Lo que sí sé es que, mientras no encuentre esa frontera, prefiero equivocarme por exceso de criterio que por falta de él. En HiFi Café seguiréis viendo equipos con una historia detrás. Y os hago una pregunta de verdad, no retórica: vosotros, ¿dónde pondríais la línea? Vosotros, en mi lugar, ¿qué haríais?

