Cuando arranqué HiFi Café lo hice convencido de una cosa que ahora, unos meses después, me cuesta sostener: pensaba que la gente quería comunicarse alrededor de este hobby. Que quería un sitio suyo, participativo, donde enseñar su equipo, compararlo con el de los demás, hacer preguntas, responder las de otros, montar proyectos DIY, escribir artículos, contar experiencias de verdad. Quería darle a la gente un espacio para no limitarse a consumir, sino para crear. Para pensar en voz alta y construir algo entre todos.
Y resulta que me equivoqué. O por lo menos me equivoqué con la mayoría.
Después de estos meses me estoy dando cuenta de algo incómodo: gran parte de las personas ya no entiende internet como un espacio de creación ni de pensamiento, sino como un espacio de consumo. Y no solo de consumo, sino de consumo gratis. La mayoría quiere pasar el rato mirando, y que el único esfuerzo que se le pida sea hacer clic para pasar al siguiente vídeo o, como mucho, dar a "me gusta".
Me podéis decir: pero Josep, si en YouTube se ve muchísima gente comentando, discutiendo, con ganas de hablar. Y es verdad, eso es justo lo que me engañó. Veía los comentarios, veía el interés, y daba por hecho que esa conversación querría tener un sitio propio. Lo que no entendí es que esa gente no quiere salir de la plataforma. No quiere ir a un lugar donde toca elegir, buscar lo que te interesa, registrarse, escribir. Quiere quedarse donde ya está, donde todo le llega solo.
En HiFi Café lo veo cada día. Cuesta muchísimo que los usuarios registrados acaben participando. Una vez dentro, la actividad es mínima: solo un porcentaje pequeño llega a aportar algo en primera persona, y de esos, un porcentaje todavía más pequeño se anima a responder a lo que han escrito los demás. Crear hilos vivos, conversaciones que tiren solas, es dificilísimo. Y al final pasa lo de siempre: los cuatro que sí tienen esa visión participativa de internet cargan con toda la responsabilidad de mantener viva la comunidad.
Creo que el problema de fondo es que la mayoría llegamos a HiFi Café comportándonos como nos comportamos en YouTube, en Instagram, en TikTok. Y en esos sitios, seamos sinceros, no somos más que consumidores de contenedores de publicidad. Estamos regalando nuestro tiempo a redes sociales que en realidad son empresas de gestión publicitaria. Por eso, cuando alguien llega a un sitio que le pide algo más, no sabe muy bien qué hacer. Está acostumbrado a que lo único que se le exija sea mirar, dar like y pasar de largo si no le gusta. Una internet pasiva, cómoda, en la que tú no pones nada.
Yo no quiero que HiFi Café sea eso, y por eso el sitio no para de transformarse. Voy quitando funcionalidades que nadie usa para simplificar la navegación, mejorando el diseño y el funcionamiento, montando automatismos que le pongan las cosas fáciles a quien quiere participar, y buscando sin descanso aquello que motive a la gente a volver y a aportar algo suyo. HiFi Café no es un sitio acabado. Es un sitio que se cultiva.
Pero hay cosas que no se arreglan solo con buena voluntad y buen diseño. La ausencia de algoritmo lo hace muy difícil, y aquí es donde llevo semanas dándole vueltas a algo que antes ni me habría planteado. Yo siempre había querido un sitio sin algoritmo, porque el algoritmo lo relacionaba con el control y con la publicidad. Y sin embargo empiezo a entender por qué existen. Quizá se podría diseñar un algoritmo interno, uno que en lugar de gestionar la publicidad que le interesa al negocio gestionara los contenidos reales de otros usuarios, lo que de verdad podría interesarle a cada persona. Una especie de TikTok, sí, pero un TikTok de hifi, hecho con lo que crean los socios.
Y aquí es donde me duele el corazón. Pienso en el cazador recolector que se pasaba el día entero buscando comida, moviéndose, eligiendo, y lo veo sustituido por el que se queda en el sofá esperando a que le traigan la pizza a casa. Muchas veces se me pasa por la cabeza que sería muchísimo más fácil montar un sistema de reparto cómodo y atractivo, que le lleve "a casa" a cada uno lo que el algoritmo cree que quiere consumir. El TikTok del hifi. Y se acabaron los problemas de participación.
Pero no. En HiFi Café ni siquiera nos conformamos con salir a cazar. Aquí hacemos algo más lento y más difícil: plantamos la semilla, la regamos cada día aunque no se vea nada, y esperamos. Esperamos con la fe de quien sabe que la tierra acaba respondiendo. Y un día, cuando casi lo habíamos olvidado, llega el fruto. Y ese fruto no te lo ha traído nadie a casa: lo has hecho crecer tú. Por eso sabe distinto, por eso es tuyo. Todo esto pide justo lo que un algoritmo promete ahorrarte —tiempo, esperanza, trabajo e ilusión— y a cambio te devuelve lo único que ninguna máquina podrá darte jamás: la certeza de haberlo cultivado con tus propias manos.
No pienso ceder a esa tendencia global que nos quiere convertir a todos en simples consumidores. Yo quiero ser las dos cosas a la vez: productor y consumidor de experiencias de calidad. No quiero sucedáneos en mi vida. Y si has llegado hasta estas últimas líneas, TÚ TAMPOCO. Así que seguiremos trabajando, seguiremos sembrando, y seguiremos recogiendo.

